*Narra Robert*
La casa no estaba muy lejos, a unos 15 minutos. Llegamos y
aparcamos en el garaje.
La echaba de menos, pero me acababa de fastidiar la
“reconquista”. Por el camino Gemma les iba contando a las chicas como se lo
había pasado en el tiempo que llevaba allí, lo mucho que las había echado de
menos…
En realidad era bastante amplia la plaza de garaje. Tenían 4
plazas para los coches y 2 para motos. Nos bajamos y subimos las cosas en el
ascensor. El edificio tenía unas 2 plantas más el ático. Por lo que comentó Miri,
el ático era como dos de los pisos. Entramos
y vi unas latas de pinturas en una sala, supuse que sería el salón,
cuatro sillones, una tele bastante grande, la terraza, no sé porqué, pero algo
me decía que lo era.
Liza – Mirad, aquí, –señalando a la primera habitación a la
derecha- está la cocina, tras la barra americana está el comedor.
Miri – En esta habitación, -señalando la siguiente pero a la
izquierda- está mi habitación. La siguiente es la de Liza, y allí –señalando a
otras dos – hay otras, pero no hay más que nuestras maletas hasta que
consigamos compañeras de piso.
Al fondo de un ancho pasillo el salón que yo antes había
divisado.
*Narro Yo*
Yo – Bueno, y cuál es mi habitación?
Liza – Habíamos pensado, que si quieres la habitación del
ático, en la planta alta, es toda tuya
Yo - Por donde se sube¿?
–dije histérica– Hay como os quiero –les dí un abrazo y un beso a cada una.
Miri – Es por aquí –dijo señalando unas escaleras al fondo
del salón, al lado de la puerta de la terraza.
Liza - Ah, respecto a los baños hay uno en cada habitación.
Yo – Vale, gracias.
Subí corriendo, una cama de matrimonio, las paredes pintadas
de verde lima, y encima de la cama, una ventana por la que mirar a las
estrellas, pero al lado de la cama, entre la mesilla y el ropero, se encontraba
un escritorio. En la otra parte de la habitación había una ventana, donde la en
la parte baja te podías meter, era circular.
Empecé a colocar todo.
*Narra Robert*
Mi hermana y Liza no paraban de decirme que no me acercara
mucho a Gemma, que no querían que yo le hiciera daño. La verdad, estoy un poco
harto ya, siempre lo mismo, no entiendo porqué no confían en mí. Sé que le he
llegado a hacer mucho daño, pero no quiero que pase lo mismo, y supongo que
ellas tampoco lo quieren así.
Yo – Por favor, dejadme intentarlo. Os prometo que esta vez
será diferente.
Miri – Robert, te lo digo en serio, como hagas algo te mato.
Yo – Vale, esta noche me gustaría salir con ella, en plan
cita. Iremos a cenar y después a la discoteca, os venís a la discoteca¿?
Liza – A mi me parece buena idea.
Miri – Y a mí, pero ya sabes eh…
Yo – Que sí pesáaaa… Ahora vengo.
Subí las escaleras que daban a la habitación de Gemma. Subí
silenciosamente. No quería que se enterara. Cuando llegué estaba de espaldas,
mirando a la cama. Me acerqué a ella, le tapé los ojos, le di la vuelta. Me
miraba a los ojos. Sus ojos color miel… no me pude resistir. La besé. Poco a
poco nos íbamos tumbando en la cama. Le quité la camisa, ella me la quitó a mí.
Poco a poco fui bajando por su cuello, su pecho, su ombligo…volví a subir. La volvía
besa. Me quité los pantalones. Llevaba mucho esperando esto, hacerlo con ella. No
era la primera vez. La primera fue con Marie mientras estaba con Gemma, pero
ella eso no lo sabe y nunca se lo diré. Le volví a besar.
Yo – Marie, te quiero.
Gemma – Perdona, que acabas de decir¿? –dijo escapándose de
la cama, levantándose.
Mierda, la acabo de cagar y bien…
Yo – Que te quiero.
Gemma - Quien es
Marie¿?
Le explique todo, incluso que le había puesto los cuernos con
ella. No paraba de llorar. Se fue corriendo al baño y se encerró.
Qué coño he hecho¿? Les prometí que no le haría daño y a la
primera de cambio ya la voy cagando así…
Yo – Gemma, abre por favor.
Gemma – No, vete. Te odio.
Le hice caso, me fui de su habitación. Bajé y le dije a las
chicas que ya la había fastidiado, que lo había arruinado todo. Tenía la
necesidad de irme, de irme y estar solo. Pensar el cómo pedirle perdón. Yo la
quiero y quiero estar con ella, pero ella ya no querrá estar conmigo, y
seguramente, no me querrá ni ver.
Salí de la casa, cogí el coche y me fui a mi casa.
*Narro yo*
No me lo podía creer, como me había hecho esto¿? No era la
primera vez que me hacia algo parecido. Justo a los 3 meses de estar juntos, me
había puestos los cuernos con una tal Marie, ya sé quién es la zorra esa… No le
quiero volver a ver en la vida. Le he perdonado muchas cosas, y no pienso
perdonarle esta.
Miranda y Liza tocaron en la puerta. Les abrí y me dieron un
fuerte abrazo.
Les comenté lo que había pasado. Miri bajó y Liza se quedó
conmigo hablando.
Liza - Tía ahora
tienes que tranquilizarte, respirar hondo y olvidarte de ese imbécil. Esta
noche vamos a hacer una cosa. Tú te vienes con nosotras de fiesta.
Yo – Liza, no tengo ganas de salir enserio.
Liza – Me da igual lo que digas, no vas a pasarte aquí todo el día comiéndote la cabeza. Ahora salimos
a dar una vuelta, a comprarnos unos trajes bonitos, unos tacones, comemos fuera
y después nos venimos, nos vestimos y nos vamos vale¿?
Yo – Vale, gracias. Te quiero.
Le abracé. La verdad es que no sé qué haría sin ella. Siempre
está pendiente, siempre que lo necesito está ahí para apoyarme.
Escuché como Miri pegaba gritos abajo. Escuché como gritaba
Robert y rompí a llorar. A los pocos minutos subió, me tranquilicé.
Miri – Bueno, en 30 minutos abajo en el salón, para irnos
vale¿?
Yo - Vale. Os quiero
chicas.
Las dos - Y nosotras. Nos abrazamos las tres.
Me vestí, unos vaqueros, una camisa de cuadros rojos,
blancos y azules y de bajo una camisa blanca, las all star blancas, un poquito
de maquillaje, peinada y lista.
Bajé, todavía quedaban unos 15 minutos. Me senté a esperar a
las chicas.
*Narra Robert*
Miranda me había echado una bronca impresionante. Conseguí
que me dijera lo que iban a hacer hoy y le supliqué que a las 5 y media estuviera
en el centro comercial que está entre su casa y la mía, que fuera al nando’s a
comer a esa hora. Tenía una sorpresa para ellas.
Llamé a al chico con el que me encontré el otro día en el
super.
*Llamada telefónica*
Alguien – Sí, dime Robert.
Yo – Louis, tienes que hacerme un favor.
Louis – Sí, dime.
Le conté lo que había pasado con Gemma.
Louis – Tío, eso no se hace.
Yo – Ya, lo sé. Pero
mira yo ya sé que ella es demasiado buena para mí, que yo no puedo estar con
ella porque no soy el indicado y había pensado en que hablaras con Liam para
que quedara con ella es que sé que ella esta locamente enamorada de él y como
está soltero, pues pensé que a lo mejor no sé, podían quedar.
Louis – Sí, claro. Me parece buena idea.
Yo – Mira, ellas, mi hermana, Liza una de sus mejores amigas
y Gemma a las 5 y media van a ir a comer al nando’s del centro comercial en el
que nos encontramos, te parece bien si se encuentran allí, te paso una foto de
ellas para que las encuentren¿?
Louis – Sí, vale. Pero para que no esté Liam solo, le digo a
Niall y a Harry que vallan vale¿? Es que Zayn y yo tenemos un par de cosillas
que hacer.
Yo – Vale, perfecto. Gracias, te debo una.
Louis - Nada, yo ahora le dijo a los chicos todo eso vale¿?
Yo – Vale, gracias. Adiós.
Louis – De nada, chao.
*Fin de la llamada*
*Narra Louis*
Vale, ya tengo cita para los enanos pero… yo bueno… sigo
solo, pero pronto sé que encontraré a mi chica, a la mujer de mi vida. Pronto.
Fui al salón a decirles a los chicos lo de esta tarde, les
pareció muy buena idea. Le enseñé la foto que Robert me acababa de mandar.
Gemma era la del medio, Miranda estaba a la izquierda y Liza a la derecha,
según de me dijo Robert.
A Liam le gustó Gemma, eso era lo principal, pero a Niall,
Miranda le pareció muy atractiva, y a Harry Lo mismo Liza, pero… a mí Liza también
me lo pareció…
*Narro yo*
Salimos de la casa y nos dirigimos al centro comercial. Nos
compramos cada una un traje. Miranda una corto de palabra de honor de color
azul eléctrico, era precioso. Liza uno sin mangas, de color rojo teja, con un
apretado en la cintura. El mío era de color azul turquesa, con una sin mangas,
pero en un brazo descubierto, sin tira, y con un recogido en la parte baja.
Eran perfectos. Fuimos a comer, teníamos hambre, eran las 5 y 25 cuando
entramos en nando’s nos sentamos. Y una camarera unió una mesa a la nuestra,
nos quedamos extrañadas. A los pocos minutos unos chicos se acercaron a la
mesa, nos pidieron permiso para sentarse, me sonaba muchísimo su voz, creo que
sé quién era, pero no creí que pudiera estar ahí. Se sentaron casa uno al lado
de una de nosotras. Estábamos muy raras, ellos iban con capuchas, como si se estuvieran
escondiendo de alguien. Cuando se acomodaron, se quitaron las capuchas… no me
lo podía creer…
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